DÍA 4 QUE FUERA

La frase popular "Día 4 que Fuera" hace referencia a la víspera de las Fiestas de Moros y Cristianos de Villena.

Hasta los años sesenta, las fiestas comenzaban el día 5 de septiembre por la mañana con la Fiesta del Pasodoble, y fue en esa década cuando se añadió el pregón de fiestas. Por eso, el día 9, después de despedir a la Virgen por la mañana y de celebrar la entrada de Nuevos Capitanes y Alféreces; y el intercambio de bandas, por la tarde, la gente decía popularmente "día 4 que fuera", expresando así su deseo de que las fiestas empezaran de nuevo ese mismo día, es decir, que o terminaran.

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Día 4 que FueraActualidad Del 4 al 9 (y alguna cosa más)

Del 4 al 9 (y alguna cosa más)

No ha hecho ni un mes de que acabaran las fiestas, pero parece que haya pasado una eternidad. Seguramente, algunos cuerpos no se hayan recuperado todavía, otros sigan con un horario del sueño trastocado, otros, miren al pasado con añoranza y melancolía, y yo… Bueno, pues a mi se me mezcla un poco todo. Estas pasadas fiestas, serán muy difíciles de olvidar.

Para contároslo todo, lo mejor es empezar por el principio. Nuestro pistoletazo de salida, bajo mi punto de vista siempre es el día del pasacalles y de la romería. Ese domingo en el calendario que nos avisa de que ya llegan nuestras esperadas fiestas, además de que por fin, tenemos a la patrona en nuestro pueblo. Su pueblo. Un día en el que todos disfrutamos de un ambiente festivo en todos los sentidos.

 

Día 4 de septiembre. 8 de la mañana. Tras una larga noche de “entradicas”, me levanto como si fuera un día normal, sin tener casi en cuenta que las Fiestas, ya no es que estuvieran a la vuelta de la esquina, sino que simplemente, ya estaban.

«Hemos llegado a la frontera dorada del día 4, no menos deseada por la certeza e inmutabilidad de su arribada: estamos en la víspera de la solemnidad, solemnidad tanta que se desparrama hacia la víspera, haciendo de ella la fiesta hermana menor. Hemos estrenado a septiembre, el septiembre maduro, pleno, crucial […]»

Como ven, para una crónica de unas fiestas extraordinarias, es necesaria, sin duda alguna, la sublime prosa de alguien, que como no, es extraordinario. Pero al caso. Inauguramos un mes que da vida a Villena con nuestras fiestas, que no se si serán las mejores, las peores, o las del medio, pero son nuestras. Nuestras fiestas, que comienzan con el tradicional concierto del día 4, que nos ofrece nuestra Banda Municipal de música de Villena. Mi banda. Creedme, que verlos tocar desde el patio de butacas es una sensación un tanto confusa, sobre todo cuando no concibes un día 4 sin muchos ensayos y pocas horas de sueño a la espalda. Pero ahí estuvimos los cargos mayores y nuestra pequeña Lucía, orgullosos de nuestra música. Orgullosos de nuestra banda, y como no, en mi caso, recordando esa anécdota que siempre se escucha en mi casa:

«Cuando acabábamos de tocar en el concierto, dispuestos a secar nuestros instrumentos, mi compañero siempre me decía:Alfredo, hazte cuenta, que ya s’han pasao’ las fiestas.»

Y que razón tenía ese compañero de mi abuelo. Un rato después de que este concierto acabara, ya estábamos en la que es nuestra segunda casa: la sede de los Realistas, dónde con muchos nervios, intentamos cenar lo mejor posible. Si no, que se lo cuenten a las camareras, que las pobres ya no sabían que bebida espirituosa sacar para que nos tranquilizáramos.

 

«Estamos a 5 y es por la mañana. Déjame que viva el momento con ansia; déjame que vibre al sentir la cercana alegría que ronda mi alma. Respeta el silencio, no me digas nada: si acaso, si puedes haz que se detenga del mundo la marcha porque dure siempre, porque no se vaya este leve instante de unidad perfecta en el tiempo, colores, sonidos, aromas, matices, efluvios que en este momento las cosas exhalan, Si no, si te es imposible hacer el milagro, déjame a mi solo sentir las palabras que llenan mi mente: estamos a cinco y es por la mañana.»

En casa solo había caras conocidas. Gente de arriba abajo preparándolo todo. Había nervios, había ilusión, e incluso hubo alguna que otra sorpresa. No faltó nadie. Mi padre se había ido hacía muy poco a la comparsa, junto con Pedro y Antonio. Lucía estaría en su casa al borde de un ataque de nervios. Pero yo, en ese momento, me sentí querida, me sentí cuidada, me sentí protagonista de una mañana que nunca olvidaré. No exagero si os digo que fue perfecto. Lo recuerdo a cámara lenta. Mis tres moros realistas, con mis compañeros de directiva y la mejor banda que podríamos tener. Acercándose cada vez más a la puerta de mi casa. Escuchando cada vez más cerca el pasodoble «Manolo el Artesano». Después, todo eran felicitaciones y cumplidos, abrazos de las personas que estaban allí y muchos nervios. Pero creedme cuando os digo, que en ese breve instante, el tiempo se congeló para que viviéramos uno de los mejores momentos de estas fiestas. Un momento que se repitió una media hora después en casa de Lucía. No os podéis imaginar como le brillaban los ojos. Ahí, pude comprobar lo que es la ilusión, tanto la de ella como la de su familia, que también es la mía. Después todo salió rodado, pregón, fiesta del pasodoble y como no, la entrada. Aunque este año me perdí tocar con mi banda, el orgullo que sentí al verlos pasar por la tribuna no puede explicarse con palabras. Cuando nos tocó desfilar, todo salió tal y como esperábamos. Además, este año, contamos con la presencia de nuestros amigos los moros realistas del Elda, quienes nos acompañaron en este desfile con motivo de nuestro 90 aniversario. Más tarde, cerrando la entrada en la carroza junto con el resto de las madrinas del bando moro y las regidoras parecía que el sueño que no pensábamos que podía ser real, se iba cumpliendo poco a poco.

 

El día 6, justo después de la misa infantil, todos los que sabíamos lo que iba a acontecer unos instantes más tarde nos empezamos a poner nerviosos. El WhatsApp ardía, literalmente, pues el calor nos acompañó durante esa mañana. Creedme, que todo el esfuerzo valió la pena, y no solo por el segundo premio en el desfile de la esperanza. Antonio y Lucía salieron radiantes a caballo, con un boato de jinetes que anunciaba su llegada. Iban contentos, y en el caso de Antonio, estaba acompañado de todos sus amigos, en un lugar donde sus dos pasiones se aunaron. Las fiestas y los caballos.

Después de una merecidísima siesta, Lucía y yo nos fuimos a la tribuna, desde dónde pudimos ver el desfile de todo el bando cristiano. Una vez nos tocó desfilar, nos encontramos con la presencia de Julián Contreras, que nos acompaño desfilando con nosotros todo el desfile. Sin duda, otra experiencia más y ante todo, una gran promoción de las fiestas de Villena a nivel Nacional.

 

A la mañana siguiente nos despertamos con muchas ganas, y aunque os parezca raro, sí, un día de verano al mediodía, a la gran mayoría de madrinas nos apetece muchísimo estrenar nuestro traje de villenera de invierno, además de hacer una ofrenda floral a nuestra patrona. Un desfile en el que todos disfrutamos muchos a pesar del calor que hizo. No obstante, gracias a la colaboración de los socios de la comparsa, la donación económica de este año fue para la parroquia de Santa María, ya que la puerta lateral de la misma se encuentra en pésimas condiciones y precisa una restauración urgente. Que menos que colaborar con esta restauración cuando nosotros, utilizamos esa puerta una vez al año. Más tarde, después de comer y descansar otro rato, nos fuimos rumbo al castillo donde celebramos año tras año nuestra tradicional merienda. Como siempre, hubo bocadillos para todos, el buen ambiente estuvo presente y como no, nuestros queridos músicos hicieron que nos lo pasáramos mejor si cabe. Después, vuelta a la comparsa y a la retreta.

 

El día 8, día de nuestra patrona comenzó con lluvia justo antes de la misa mayor, de hecho ni siquiera se pudo celebrar la tradicional embajada en la que entregamos la efigie de Mahoma al pueblo vecino de Biar. No obstante, para nosotros, uno de los actos más emotivos es la procesión. Ya no por alumbrar y participar en ella al igual que el resto de las comparsas, sino porque nos pertenece un tramo del recorrido en el que cada año, unos privilegiados moros realistas pueden portar a la virgen. Desde el molino de aceite hasta la puerta de la comparsa de Labradores, tenemos la suerte de llevar a muestra patrona y de entrarla a la iglesia de Santa María. Este año, junto con Lucía, hemos tenido la oportunidad de ir delante de nuestra patrona desde que entra a la iglesia hasta el siguiente relevo. Un momento único que solo podemos experimentar las madrinas de esta comparsa.

 

Al día siguiente, la despedida de nuestra patrona fue un tanto agridulce, ya que el pensamiento de que nuestro año se acababa estaba presente. Nuestros pequeños no pudieron contener las lágrimas en más de una ocasión, pero finalmente, disfrutaron de la despedida como del desfile de nuevos cargos como nadie. Y no solo ellos, pues este ultimo desfile en el que dejamos el testigo a los nuevos cargos 2019 fue sin duda el que más disfrutamos. El hecho de pensar que era el último hizo que nos lo pasáramos mejor aún si cabe. El colofón de estas fiestas fueron los galardones que conseguimos: un segundo premio en el desfile de la esperanza, mejor cabo femenino del bando moro para María Elena Conejero Amorós, un segundo premio a la escuadra especial de Sarracenos y el segundo premio de comparsa. Sin duda, una forma maravillosa de acabar las fiestas.

 

Y por si no era suficiente, el pasado 23 de septiembre celebramos la tradicional comida de hermandad, que es para nuestros cargos 2019 uno de sus primeros actos. Esperamos que disfrutaran del día tanto como nosotros preparando cada detalle.

 

 

 

 

 

 

María Gómez Rojas

mgomezrojas756@gmail.com

Cronista de la comparsa de Moros Realistas

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