Negro absoluto: elegancia, sobriedad y símbolo.
En una fiesta de luces, pólvora y un carrusel de colores vibrantes, hay un color que, por contraste, se impone con sobriedad y elegancia: el negro. En la Comparsa de Estudiantes de Villena, ese color no es una elección aleatoria ni una mera cuestión de gusto. Es una declaración estética, una seña de identidad y, sobre todo, un vínculo con una larga tradición que une la historia, la universidad, la moda y el espíritu festero.
“El negro lo tiene todo”, sentenció Coco Chanel, la diseñadora que revolucionó la moda en el siglo XX. “Su belleza es absoluta. Es la armonía perfecta.” Y no fue la única: Yohji Yamamoto dijo que el negro es “modesto y arrogante al mismo tiempo”, y Christian Dior lo consideró el color más elegante y al mismo tiempo el más sencillo. En la alta costura, el negro representa distinción, misterio, contención. También poder, sobriedad y modernidad. ¿Y no podemos trasladar dichos calificativos a los Estudiantes pues son, acaso, esas cualidades las que les caracterizan cuando desfilan en las calles de Villena?
Mucho antes de convertirse en símbolo de estilo, el negro fue el color de la solemnidad y del conocimiento. Desde la Edad Media, los doctores universitarios, los magistrados, los clérigos y los estudiantes vestían de negro como signo de autoridad y respeto. En las universidades del Renacimiento y el Barroco, el negro era el color de los letrados, de los que portaban la palabra. También de los estudiantes errantes, los goliardos y las estudiantinas, que corrían la tuna recorriendo los caminos de Europa con capa, guitarra y versos. El negro era, en ellos, símbolo de estudio, pero también de libertad y picaresca.
En este contexto, no resulta extraño que cuando, en 1845, se fundó la Comparsa de Estudiantes de Villena, sus miembros adoptaran un uniforme oscuro, sobrio, inspirado en la indumentaria académica, que evolucionó posteriormente adquiriendo tintes militares de centurias anteriores adaptados al siglo XIX. Un aire de civilidad elegante, frente al exotismo de otras comparsas. Un uniforme que, sin necesidad de ornamento, hablaba con claridad: nosotros somos los Estudiantes.
Y es una estética que perdura el paso incansable del tiempo. Durante más de siglo y medio, el negro ha sido el hilo conductor de la indumentaria estudiantil en Villena. Ni siquiera los años de crisis económica, de principios del siglo XX, alteraron ese sello distintivo. Aunque el traje se modificó y se incorporaron destacados detalles blancos, el negro se mantuvo. Era, más que un color, una declaración de principios. Se rediseñó el traje, se estilizó la figura, se actualizó el corte, pero la esencia permaneció. En los desfiles, el Estudiante en negro no necesitaba más para llamar la atención. El negro lo decía todo.
Hoy, en pleno siglo XXI, el traje negro de los Estudiantes sigue siendo un referente. Ha evolucionado en pequeños detalles, se ha adaptado a los nuevos tiempos, pero conserva intacta su elegancia. Es una mezcla de tradición y modernidad. Y, sobre todo, mantiene esa capacidad de transmitir, con solo un vistazo, una historia que combina la tradición académica, el espíritu festero y una estética que, como el buen diseño, nunca pasa de moda.
Vestir de negro, y en el fondo la propia esencia de ser Estudiante, no es ni una obligación y ni una moda. Es un orgullo. Porque como escribió Yamamoto, el negro es el color de los que no necesitan llamar la atención para ser recordados. De los que desfilan con paso firme, conscientes de que su verdadera fuerza está en la sobriedad, en la coherencia, en la clase.
El negro, en los días grandes de Villena, es el color del conocimiento, del humor inteligente, del respeto a la historia. Y sigue siendo, año tras año, el color de los que estudian la fiesta para reinventarla desde dentro.