Del “blanco sobre negro” al rojo: la historia viva de los Piratas de Villena
En el verano de 1939, mientras la posguerra aún susurraba en las esquinas de España, nació en Villena una comparsa distinta, irreverente y apresurada: los Piratas.
Inspirados por la estética cinematográfica de los corsarios caribeños de los años treinta, sus fundadores eligieron el negro como color oficial. Este tono evocaba el duelo que pesaba sobre el país, pero también confería autoridad, misterio y presencia. La indumentaria la completaba una faja blanca que enfundaba el cuerpo a modo de símbolo de distinción y de contraste cromático necesario.
Durante nueve años, la comparsa desfiló con ese tono sombrío, mientras los rumores sobre el significado de dicha elección se esparcían por los mentideros de la ciudad. Algunos lo interpretaban como gesto político, camisa negra en afinidad a alguna corriente política del momento; otros, como simple necesidad ante la escasez de recursos. Recordemos en este punto que la Comparsa surgió de una manera apresurada y con bastantes limitaciones económicas.
En cualquier caso, no corresponde en esta ocasión profundizar sobre las verdaderas razones que llevaron a los socios fundadores a la elección del color negro como tonalidad institucional
La bandera inicial también se realizó en “blanco sobre negro”, mimetizándose con la elección cromática del traje oficial. Tela negra, por necesidad, o no, y calavera blanca central. Símbolo de un gran desafío que adquiere un rutilante significado desde el primer momento.
En 1948, con apenas 16 socios y sin ninguno de los fundadores en activo, el futuro de los Piratas parecía tan incierto como el color que los vestía.
Pero en 1949, todo cambió. Por decisión de los miembros de la Comparsa, José Serrano y Antonio Valiente diseñaron un nuevo traje que incorporaba el rojo como símbolo de transformación. El giro fue drástico y fundamental.
La capa escarlata, con ornamentación en hilo colorado, se desplegó como vela al viento. El negro cedió al rojo, y la comparsa se convirtió en una marea ardiente que crecía inundando las calles de Villena cada septiembre.
Desde entonces, el rojo no es solo color: es identidad, es memoria, es el latido colectivo de una comparsa que nació en la oscuridad y se consagró en el rojo.
Aunque los colores iniciales de la Comparsa que, si me permiten decirlo, vamos a denominar “blanco sobre negro” se han mantenido a lo largo de toda la historia Pirata como hilo conductor de su tradición cromática, el verdadero protagonista es, sin duda, nuestro rojo.

En el año 1990 irrumpen “las Piratas”, un grupo de mujeres que lucharon contra viento y marea por hacerse un hueco en los desfiles y en la tradición festera. Se trataba de las nuevas afiliadas al color rojo de la Marea Pirata.
El traje femenino, más sofisticado, y a veces no tan apto para la batalla cuerpo a cuerpo, respetaba, sin lugar a duda, el protagonismo del color escarlata, plasmado fundamentalmente en texturas aterciopeladas.
Pero no es solo la tela, es la ornamentación, la estética, los labios carmesíes, toda gira en torno al color protagonista.
El rojo transforma la marcha en marea, el desfile en ritual, el traje en estandarte.
Porque nadie que se llame Pirata de Villena puede imaginar otro color distinto para nuestra Comparsa
Es fiesta.
Es historia viva.

Cristina Rodríguez Capilla .
Cronista de la Comparsa de Piratas