DÍA 4 QUE FUERA

La frase popular "Día 4 que Fuera" hace referencia a la víspera de las Fiestas de Moros y Cristianos de Villena.

Hasta los años sesenta, las fiestas comenzaban el día 5 de septiembre por la mañana con la Fiesta del Pasodoble, y fue en esa década cuando se añadió el pregón de fiestas. Por eso, el día 9, después de despedir a la Virgen por la mañana y de celebrar la entrada de Nuevos Capitanes y Alféreces; y el intercambio de bandas, por la tarde, la gente decía popularmente "día 4 que fuera", expresando así su deseo de que las fiestas empezaran de nuevo ese mismo día, es decir, que o terminaran.

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Día 4 que FueraActualidad Microrrelato: La lluvia ausente

Microrrelato: La lluvia ausente

Autor: Antonio López Rubio – Cronista de la Junta de la Virgen

Es cierto que en la vida surgen tiempos nublados. En el día a día, llueven problemas, alegrías y dificultades. Hoy entre las brumas de la mañana, el cielo aparece como entramado de algodón, difuminado entre tonalidades grises. El viento parece susurrar melodías de tormenta. Las nubes juegan, se funden entre abrazos, se buscan para formar figuras imposibles en la mañana del último domingo de agosto. En el horizonte se visualiza un día más completo de lo normal. Hemos viajado en el tren de un fin de semana cargado de pasodobles, de fiestas “cabileras y cincuenteras”.

Despertamos temprano, con la boca un poco más seca de lo normal, pero con la ilusión renovada. Nos disponemos a vivir un día importante, respirando intensamente desde el primer minuto, con todas sus consecuencias, con fuerza. Buscando ese nuevo mar de experiencias, desembarcando como John Wayne en las playas de Normandía, quien sabe si esperando nuestro día más largo.

Así que por fin amanece, que no es poco, ni mucho. Tras un café bien cargado, callejeamos y “pasacalleamos” el Rabal, eligiendo no escuchar, para priorizar ese olor a pólvora tan característico que inunda el caso antiguo de Villena. Somos asistentes expectantes, agolpados en los rincones, pero con la quimera de un cielo entrelazado y gris. Lamentándonos, y esperando que las nubes no se atrevan a llorar por la tarde. Los estruendos del arcabuz resuenan, como si nada fuera con ellos, mientras sus bocanadas de humo blanco escalan hacia el cielo, buscando a las nubes para rogarles que no ensordezcan nuestra particular jornada vespertina. Suena la Municipal, con la alegría y el colorido de los cargos festeros. A lo lejos se disipan, se escuchan en el tiempo esos perdidos golpes secos del arcabuz. Hay quien sigue mirando al cielo, quienes miran los teléfonos. Las redes sociales desean avanzar noticias no deseadas, se atreven a ser pitonisas absurdas generando inquietud.

Finaliza el pasacalles, es momento de recluirse, apenas existe un breve espacio de tiempo para comer. Los autobuses comienzan a salir hacia el Santuario. El pañuelico está anudado, la merienda preparada, el paraguas se introduce sigilosamente en la mochila. El movimiento “En las calles de mi Villena” es latente, grupos de gente se agolpan en la plaza de la Virgen. Mirando al alma y al cielo, intentando buscar alguna explicación del porqué las nubes, en un día como hoy, se atreven a esconder al sol. En la fila del autobús, la gente se mira, pero avanza, mantiene el semblante serio, pero sonríe. Los niños están felices, es un día especial, de familia, de compañerismo, permanecen impasibles a esa cada vez más latente preocupación generalizada.

Llegamos a las Virtudes y seguimos mirando al cielo. El sol y sus tímidos rayos luchan y desean aparecer, pero son bloqueados por las nubes. Una suave brisa golpea levemente la explanada del Santuario. La Morenica cruza la portalada camino hacia Villena, junto a Ella, murmullo e incertidumbre. El polvo del camino permanece seco durante el trayecto, parece que existe un pacto no escrito hasta la llegada a Santiago. Un suave sirimiri contempla el ruedo de banderas, y minutos más tarde, condensadas gotas golpean el asfalto de la Corredera. El algodón de las nubes, ahora escondido en el foscor de la noche, respetó su tregua imaginaria. Durante el día las amenazas de lluvia se quedaron en hipótesis, los teléfonos crearon incertidumbre, la meteorología no fue una ciencia exacta, el hombre del tiempo se volvió a afeitar el bigote….

Antonio López Rubio

antoniolopezrubio@yahoo.es

Cronista Junta de la Virgen

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